La sombra de lo inconsciente

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Sigmund Freud, define en su modelo tres partes del aparato psíquico. El Ello, yo (ego), y el súper yo (súper ego). Según este modelo, el yo es el conjunto de tendencias instintivas no coordinadas; el súper yo juega el papel crítico y moralizador; y el ego es la parte organizada y realista que media entre los deseos del ello y el súper yo. El “Ello” es la parte no organizada de la estructura de la personalidad que contiene los impulsos instintivos básicos del ser humano. “Ello” es el único componente de la personalidad que está presente desde el nacimiento. El “ello” es el origen de las necesidades de nuestro cuerpo. Lo que queremos, deseos e impulsos, particularmente nuestros impulsos sexuales y agresivos. Según Freud el “ello”, “es la oscura e inaccesible parte de nuestra personalidad, lo poco que sabemos de “ello” es de carácter negativo y puede ser descrito solo como contrario al “yo”. Hacemos acercamientos al “ello” por medio de analogías: lo llamamos caos, un caldero hirviendo de excitaciones…, está lleno de energía que lo alcanza desde los instintos, pero no tiene organización, y no produce voluntad colectiva, solo el empeño de alcanzar las satisfacciones de las necesidades instintivas sujetas a la observación del principio del placer.”

Pese a que el análisis de Freud era pesimista en cuanto a la naturaleza de la psicología humana, esto abrió el camino para uno de sus seguidores, Carl Gustav Jung, quien en confrontación con Freud creía en un significado simbólico profundo por el cual la psique se manifestaba en los sueños. Más adelante Jung haría un gran aporte al comparar las representaciones arquetípicas de diversas regiones y etnias en el mundo, con lo que su psicología profunda y los arquetipos simbólicos plasmados en la psique de todo ser humano comparten el mismo origen, en un inconsciente colectivo. Jung postuló al inconsciente colectivo como “la existencia de un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón”

En su obra El hombre y sus símbolos, Jung comienza por diferenciar el signo del símbolo en el lenguaje humano. En el análisis de Jung el símbolo es una palabra o una imagen cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. En este último caso es sólo un signo. El aspecto inconsciente del símbolo nunca está definido con precisión ni puede esperarse que lo esté. En la medida en que el arquetipo expresa lo indeterminable, ninguna determinación ligada a la psique consciente podrá suplirlo. El hecho de que se refiera a algo más allá de la razón explica que las religiones usen un lenguaje simbólico y que Jung se haya interesado por las religiones y la mitología, al punto de que muchos autores lo consideraron un místico.

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Los arquetipos expresan los instintos en un sentido biológico y espiritual. Se manifiestan en fantasías y con frecuencia revelan su presencia sólo por medio de imágenes simbólicas. El contenido de los sueños es siempre simbólico. Los arquetipos son tendencias a formar representaciones sobre un modelo básico que afecta emocionalmente a la consciencia. Algunos motivos principales son el ánima, o principio femenino, y el ánimus, principio masculino. La sombra es el lado inconsciente de la personalidad, mientras el sí-mismo es la totalidad, parte consciente e inconsciente.

El simbolismo de muerte, ángeles, demoniosdragones y serpientesasí como geometría, el ave como símbolo de liberación y de trascendencia, la peregrinación, el mito del héroe y una serie larguísima de otras figuras habitan en lo inconsciente colectivo y constantemente acuden a la consciencia sin que sepamos interpretarlos, y con variantes de formas y detalles, así como fluyen los instintos primitivos en cada momento de nuestras vidas. Lo perturbador de los arquetipos es que no llegamos a conocerlos del todo y nunca agotan su significado. Sin embargo, para Jung, el sentido de armonía se consigue mediante la unión de la consciencia con los contenidos inconscientes de la mente. Esa es la “función trascendente de la psique”, con la que se supera el yo para conquistar la plenitud del individuo.

Durante los últimos 30 años se han realizado muchas investigaciones en el grado en que las personas están conscientes de las influencias importantes en sus decisiones y han llegado a concluir que la mente inconsciente es una penetrante y poderosa influencia sobre todo proceso mental (Bargh 2006).

Nuestros cinco sentidos obtienen más de 11,000,000 piezas de información. Científicos determinan este número contando las células receptoras que cada órgano sensorial tiene y los nervios que van desde esta célula hasta el cerebro… El estimado más liberal es que las personas pueden procesar conscientemente acerca de 40 piezas de información por segundo.

Artículos publicados recientemente ( Bargh y Chartrand, 1999) muestran que en un 95% nuestras acciones no son conscientes, lo que apunta a que somos objetos llevados por la sombra de lo inconsciente arraigado a la psique desde los inicios de toda la humanidad.

Imagen: http://www.bradvandermoere.com/Temptation.html

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